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Nuestras Citas

“Nasrudin se encontraba en una oficina de patentes tratando de presentar una varita mágica.
- Lo siento -dijo el empleado-, no patentamos invenciones imposibles.
Así que Nasrudin agitó su varita mágica y el empleado desapareció.”

El valor de los cuentos

”Había una vez a menos de mil millas de aquí un niño que para su corta edad, creía yo, tenía gran experiencia en el cuidado de sus ovejas:sus piernas eran delgadas pero fuertes, los pies que llevaba sin calzar estaban endurecidos -sin duda alguna por el trabajo y en su mirada había más luz que la del oro reflejado en las arena del desierto cuando al descender el Sol avisa a los hombres la proximidad de la noche.

"Yadir se llamaba el niño. Y siempre en el atardecer bajaba de las montañas con sus animales hasta su pequeña casa; la jornada había sido ardua para él: había buscado el pasto para sus ovejas y, en cambio, en su alforja de lana no había sino un poco de pan -el necesario para no sufrir hambre- ni más agua que la esencial para refrescar los labios"

Una noche, en una reunión de camelleros Yadir escuchó que el hombre que llevaba a Dios en su corazón estaba "mordido de camello" y que esa mordedura no cicatrizaba nunca; al principio era dolorosa, después dulce y, al final de la vida, mientras el cuerpo quedaba abandonado en la tierra, viajaba la esencia del hombre a fundirse en las estrellas.Yadir soñó esa noche cien camellos que lo perseguían.

Pasó mucho tiempo y, un amanecer, intuitivamente Yadir se arrodilló y besó las arenas. De sus labios brotaron palabras fieles, y su rostro de adolescente, como un brújula marina encontró el oriente.

La mordida de camello estaba en su corazón.

A partir de aquel día, Yadir aprendió muchas cosas con particular precisión. Cuando el viento soplaba tenuemente, susurraba cuentos a su oído; al ser removidas por el aire las arenas le enseñaban extrañas geometrías; el ondulante carrizo le otorgó la música; y en un rojo atardecer, un fuerte viento elevó las arenas, haciéndolas girar con sorpresivos movimientos. Yadir aprendió la danza.

Su corazón sangraba cada día más.

Cuando Yadir abandonó el desierto, el Sol ya no tenía horizonte; un débil reflejo dorado lo alumbró por poco tiempo, la oscuridad lo acarició toda la noche y, en el luminoso amanecer, ante sus ojos asombrados apareció la ciudad, cuyas espejeantes cúpulas llenaron sus pupilas de reflejos. Yadir sintió miedo. Pero el viento que le cantaba levemente fortificó su espíritu, los altos y esbeltos minaretes suavizaron el golpeteo de su corazón y entró a la bulliciosa ciudad con asombrados ojos.

Aquel cambio de vida fue trascendental para Yadir. Pronto encontró trabajo como teñidor de lana y poco después aprendió el arte de tejer alfombras. El principio fue duro. Sus manos no eran tan hábiles como las de sus compañeros, pero sus ojos acostumbrados a ver el horizonte del desierto, veían más allá de los complicados diseños, en los geométricos mensajes de las alfombras. Yadir tejió una para él y aquella noche, al terminarla, un viejo maestro alfombrero le regaló una rosa blanca y extraña.

A partir de esa noche memorable, la vida de Yadir fue muy intensa: cuidó y respetó su cuerpo, modeló el barro, sometió el cobre , escribió con hermosos rasgos, manejó el sable, diseñó jardines y, una vez, sus ojos se fundieron en la luz de unos ojos femeninos.....Yadir aprendió el amor.

Yadir fundó un hogar que duró muchos y felices años hasta que, un día, El que crea todos los diseños, decidió que Yadir quedara solo.

Yadir aprendió a llorar.

El siguiente amanecer extrañó las rodillas de Yadir hundiendo las arenas, su rostro no quiso buscar el oriente y sus labios olvidaron las palabras fieles.

Abandonó la luz de las mezquitas y frecuentó oscuros lugares, sus piernas acostumbradas a la danza olvidaron el ritmo, el tambor de su corazón no las impulsaba. Abandonó también la habilidad de sus manos, su aliento no recorrió el interior de las cañas, y una noche suplicó al ángel de la muerte que apurara su paso.

Cuando los dedos del sol acariciaron su rostro esa mañana, sobre su alfombra había una blanca y extraña rosa. Yadir recordó al disipador de todas las dificultades y sintió sangrar de nuevo su corazón.

Curiosamente, los vecinos de Yadir y quienes lo conocían pensaban que era un buen hombre como todos los buenos hombres de la tierra, sólo unos cuantos se le acercaban con humildad a escuchar sus bellas pláticas en la casa de té que frecuentaba: les hablaba del viento y la lluvia, les contaba historias de viejos tejedores de alfombras y ancianos jardineros de rosas blancas, les describía las dunas del desierto y les hablaba de sol y las palmeras. Algunas personas temían verlo de frente, unos pocos lo veían a los ojos, pero entre ellos algunos resistían la luz de su mirada, no faltó quien dijera que tenía extraños poderes.

Cuando el viejo Yadir murió, los vecinos quedaron muy sorprendidos al ver salir por una de las ventanas de la casa un hermoso camello que volando se perdió en el infinito.....”

Nuestra mascota Apisita

    ----- Apisita es una abejita que nació en un oscuro panal y gracias a su curiosidad y voluntad logró viajar hasta un panal de miel dorada, en el lejano oriente, a través de muchas tribulaciones y aventuras.

Juegos

Aquí tienes unos cuantos juegos que te ayudarán a desarrollar tu lógica, tu percepción, tu habilidad o tu estrategia.

  1. Para mejorar la lógica +Master-Mind+. Resuélvelo antes de que explote la bomba. Funciona en Internet Explorer. Si tu Navegador en Netscape +instálalo en tu PC+.
  2. Puedes mejorar tu habilidad con este juego de +Dardos+
  3. Mientras añadimos más juegos sencillos disfruta de estas fotografías. Te retamos a que pongas las manos igual, para que se parezcan. +Animales+.
  4. Y para ver mejor puedes usar esta +Lupa+.

Amigo Cuentacuentos

Este es un pequeño programa que te leerá pequeños textos que escribas o copies con diferentes voces muy divertidas, prueba y elige la que más te guste.

Puedes copiar y pegar alguno de los cuentos cortos de aquí abajo para escucharlos.

+Programa para Escuchar+

Si no te funciona prueba a bajarlo, descomprimirlo e instalarlo en tu ordenador. Es un programa gratuito. +Bajar programa comprimido+.

Cuentos Cortos

Nasrudin se encontraba en una oficina de patentes tratando de presentar una varita mágica.
- Lo siento -dijo el empleado-, no patentamos invenciones imposibles.
Así que Nasrudin agitó su varita mágica y el empleado desapareció.

Un joven vendedor se dirigió a un agricultor y comenzó a hablarle con entusiasmo sobre el libro que vendía
-Este libro le explicará todo lo que necesita saber sobre la agricultura - afirmó el entusiasta vendedor-. Dice ´cuándo sembrar y cuándo cosechas; describe los efectos del clima; lo que se puede esperar y cuándo esperarlo; explica todo lo que hay que saber.
-Joven -repuso el agricultor-. No es eso en lo que reside la dificultad. Sé todo lo que dice el libro. Lo que encuentro difícil es hacerlo.

Había una vez una aldea, la cual estaba habitada por cuatro personas, llamadas: TODOS, ALGUNOS, CUALQUIERA y NADIE. Hubo que realizar una importante tarea y TODOS estaba seguro de que ALGUNOS lo haría. CUALQUIERA pudo haberlo hecho, pero NADIE lo hizo. ALGUNOS se enojó, porque era tarea de TODOS. TODOS pensó que CUALQUIERA podría hacerlo, pero NADIE se dio cuenta de que TODOS no lo haría. La cosa termino en que TODOS le echó la culpa a ALGUNOS, cuando NADIE hizo, lo que CUALQUIERA pudo haber hecho.

Nasrudin estaba tratando de construir una casa. Sus amigos ya tenían casa y algunos eran carpinteros o constructores. Se alegraba de recibir sus consejos.
Uno después de otro, y algunas veces todos juntos, le dijeron lo que debía hacer. El Mulla Nasrudin siguió obedientemente las instrucciones de cada uno.
Cuando el edificio estuvo finalizado, no se parecía en nada a una casa.
-Es curioso - dijo Nasrudin - ¡después de todo, hice exactamente lo que todo el mundo me dijo que hiciese!

Un hombre va a ver al médico y le dice:
- Doctor, me duele todo. Cuando me toco la cabeza con el dedo me duele. Cuando me toco aquí, en el estómago, lo mismo. Cuando me toco la rodilla, me duele. Cuando me toco el pie, me duele. ¿Qué debo hace? ¿Cómo puedo aliviar el dolor?
El médico lo examina y le dice:
-Tu cuerpo está bien. Pero tienes el dedo roto.

El rey ha sido bondadoso conmigo -contaba un hombre a Nasrudin -; planté trigo y llegaron las lluvias. Cuando supo de mis dificultades, me compensó por el daño causado por la inundación.
El Mulá pensó por un momento.
- Dime -preguntó- ¿cómo puede uno causar una inundación?

Unos viajeros, atravesando un desierto, se encontraron una brújula, fueron a enseñársela a Nasrudin y el preguntaron:
- ¿ Qué es?
Nasrudin tomó la brújula, la examinó y rompió a sollozar. Un instante más tarde dejó de llorar y se echó a reír, a reír más y más.
- ¿Por qué lloras y por qué ríes? - le preguntaron los viajeros.
- Me he puesto a llorar al pensar en vuestra ignorancia - contestó Nasrudín-, porque no sabéis qué es este objeto. Y entonces me he echado a reír al pensar en la mía. Porque yo tampoco lo sé.

Los fatigados miembros de una caravana llegaron por fin a un oasis y se dispusieron a descansar. A los diez minutos, y en medio del silencio, oyeron una voz que lastimosamente decía:
-¡Qué sed tengo! ¡Qué sed tengo!
El jefe de la caravana mandó a un hombre a ver que ocurría. A su regreso dijo:
-Es sólo un viajero que también trata de descansar pero que no puede por la sed.
-Dadle agua -ordenó el jefe-, así podremos descansar todos.
El enviado llevó una odre de agua al sediento, que éste bebió con deleite.
Pasados otros diez minutos, y de nuevo en medio del silencio de la noche se escuchó la misma voz quejumbrosa:
-¡ Qué sed tenía! ¡ Pero qué sed tenía!

Un gato pasó casualmente junto a una asamblea de perros cuyo líder decía:
- ¡Hermanos, recemos juntos y pidamos con fervor que el Gran Dios Perro nos envíe del cielo buenos y abundantes huesos!
El gato se alejó de allí, diciendo para si:
- ¡Estúpidos idólatras, ignorantes infieles! ¿Cómo es posible que le recen a ese dios de paganos y no al verdadero Gran Dios Gato, y cómo es posible que en vez de huesos no pidan ratones?

El viejo Tahar, un argelino, cada noche, antes de acostarse, dejaba junto a la cama dos cajas de tabaco: una llena y la otra vacía.
Alguien le preguntó:
- Por qué dejas siempre estas dos cajas de tabaco junto a tu cama?
- Esta - dijo Tahar mostrando la caja llena -es por si me despierto y tengo ganas de fumar.
- ¿Y la caja vacía? –
- Es por si me despierto y no tengo ganas de fumar.

Nasrudin trepó el cerco de un huerto ajeno y empezó a llenar una bolsa con todo lo que hallaba a mano. Un hortelano lo vio y se acercó corriendo:
- ¿Qué hace usted aquí?
- Un fuerte viento me arrojó a este lugar
- ¿Y quien arrancó la verdura?
- Me agarré a ella para no ser arrastrado
- ¿Y cómo es que hay verduras en esa bolsa?
- Eso es precisamente lo que yo me estaba preguntando cuando Ud. me interrumpió.

Nasrudin entra en la tienda de un farmacéutico y pide algo contra el hipo.
Entonces el farmacéutico lanza un grito, se hecha encima de Nasrudin y le da un fuerte golpe. Nasrudin cae al suelo, derriba alguno tarros y se hace bastante daño.
Se levanta dolorido, y le pregunta al farmacéutico;
- Pero bestia ¿a qué viene ese grito y por qué me has golpeado?
- Porque - contesta el farmacéutico -, contra el hipo, de todos es sabido, que no hay nada mejor que un buen susto.
Entonces Nasrudin le dice, enfrentándose a él:
- ¡Es que no soy yo quien tiene hipo! ¡Es mi hijo!

Un hombre fue a visitar a un amigo que tenía un loro encerrado en una jaula. A lo largo de la conversación, el animal no paraba de gritar:
- ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
Cuando regresó a su casa no podía dejar de recordar la desgarradora petición de ayuda de aquella ave. Por ello decidió urdir un plan que consistía en esperar a que el amigo se ausentara y entonces penetrar a su casa para liberar al loro. Así lo hizo, y cuando alcanzó a abrir la portezuela de la jaula, el ave se refugió en la parte trasera de la prisión, aferrándose con todas sus fuerzas a los barrotes sin dejar de gritar:
- ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

Unos hombres fueron a inspeccionar un manicomio famoso por el acertado tratamiento que allí se daba a los pacientes. Entre los muchos enfermos encontraron a uno de ellos extremadamente sonrojado y que desprendía un gran calor. Preguntaron a los médicos encargados sobre aquel caso tan singular.
- Es el enfermo más antiguo del hospital - contestaron aquellos sabios - ese hombre se cree un horno.
- ¿Y cómo con sus conocimientos no han podido curarlo aún?
- Bueno, verán - se excusaron los médicos - lo que ocurre es que hace un pan excelente.

Un pescador cogió en su red una botella de cobre con el tapón de plomo. La botella contenía un genio todopoderoso.
El genio, una vez liberado, le dijo al pescador:
- Pide tres deseos y yo te los daré. ¿Cuál es tu primer deseo?
- Me gustaría que me hicieras lo bastante inteligente como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos - dijo el pescador.
- Hecho - dijo el genio - ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?
El pescador reflexionó un momento y dijo: - Gracias. No tengo más deseos.

Un insomne se dirigió a un docto devoto en busca de consejo:
- Memorice oraciones, y manténgase levantado toda la noche repitiéndolas - dijo el médico santo.
- ¿Y curará eso mi insomnio?
- No, pero dejará de molestarle.

Nasrudín paseaba cerca de un pozo, cuando sintió el impulso de mirar adentro. Era de noche y, al escudriñar la profundidad del agua, vio el reflejo de la luna.
- ¡Debo salvar la luna! - se dijo - de otro modo nunca menguará y el mes de Ramadán no terminará nunca.
Cojió una cuerda y la arrojó dentro del pozo mientras exclamaba:
- ¡Manténte firme, no te descorazones ya llega el socorro!
La cuerda quedó enlazada en una roca dentro del pozo y Nasrudín tiraba con todas sus fuerzas cuando, de pronto, se soltó del fondo y cayó de espaldas. Mientras se hallaba tendido jadeante, vio la luna surcando el cielo.
- Me alegra haberte sido útil - dijo Nasrudín - fue una suerte que yo justamente pasara por aquí, ¿no es cierto?

¿Qué hacen con la luna vieja cuando hay una nueva? - preguntó un bromista a Nasrudín
- La cortan en pedazos. Cada luna vieja se convierte en cuarenta estrellas.

Un día, el poderoso rey mogol Tamerlán invitó al sabio Hodja a cenar a su palacio. Para la ocasión, el cocinero real preparó, entre otros platos, uno a base de col. Terminada la cena, Tamerlán preguntó a Hodja:
- ¿Le gustó la col?
- Estaba exquisita - elogió Hodja.
- A mí me pareció horrible - dijo Tamerlán.
- Tiene razón- agregó Hodja, estaba demasiado blanda.
- Pero acaba de decirme que le pareció exquisita, - señaló Tamerlán.
- Sí, pero soy el sirviente de Su Majestad, no de la col, replicó.

En una historia de las Mil y Una Noches, Maruf el Zapatero se encontró imaginando su fabulosa caravana de riquezas..
Desvalido y casi sin amigos en un país extraño, Maruf primero concibió mentalmente y luego describió, un cargamento increíblemente valioso dirigiéndose hacia él.
En vez de conducir a su desenmascaramiento y desgracia, esta idea fue la base de su éxito final. La caravana imaginaria tomó forma, se volvió real por un momento, y llegó.
Pueda tu caravana de sueños encontrar también su camino hasta ti.

Se cuenta que Mulla Nasrudín entró en una tienda para comprar un pantalón. Se probó el pantalón y entonces tras haber reflexionado, se probó otra prenda y decidió quedársela. Estaba a punto de salir de la tienda cuando el vendedor le llamó y le dijo que no le había pagado la prenda.
- Es normal - dijo Nasrudín - porque la he cambiado por el pantalón.
- Pero el pantalón tampoco lo has pagado
- Es normal - dijo Nasrudín saliendo - porque no me lo he quedado.

En China, una helada noche de invierno, un rico mandarín andaba con su gente, ataviado con un cálido abrigo.
Vió a un mendigo tiritando y le preguntó a un sirviente del séquito:
- ¿Por qué tiembla aquel hombre?
- Porque tiene frío
-¿Ah sí? ¿Y temblar le impide tener frío?

Cuando Nasrudín quiso casarse, pensó en una joven que conocía. Ella, sin embargo, prefirió a otro hombre con el que se casó.
Algunos años más tarde aquel hombre murió de enfermedad. Nasrudin fue a ver a la viuda para darle el pésame y le dijo:
- Suerte que te has casado con él. De no ser así, es a mí a quien enterrarían hoy.

Una serpiente había mordido a tantos habitantes de la aldea que eran muy pocos los que se atrevían a aventurarse en los campos. Pero era tal la santidad del Maestro que se corrió la noticia de que había domesticado a la serpiente y la había convencido de que practicara la disciplina de la no violencia.
Al poco tiempo, los habitantes de la aldea habían descubierto que la serpiente se había hecho inofensiva. De modo que se dedicaban a tirarle piedras y a arrastrarla de un lado a otro agarrándola por la cola.
La pobre y apaleada serpiente se arrastró una noche hasta la casa del Maestro para quejarse.
El Maestro le dijo:
- Amiga mía, has dejado de atemorizar a la gente y eso no es bueno.
- ¡Pero si fuiste tú quien me enseñó a practicar la disciplina de la no violencia!
- Yo te dije que dejaras de hacer daño, no de silbar.

Después de haber saqueado una ciudad, un hombre estaba tratando de vender una valiosa alfombra, parte del botín:
- ¿Quién me da cien piezas de oro por esta alfombra? - gritaba el hombre por las calles del pueblo.
Habiendo realizado la venta, se le aproximó al vendedor un compinche del saqueo y le preguntó:
- ¿Porqué no pediste más por esa incalculable alfombra?
El individuo le respondió:
- ¿Pero es que existe un número mayor que cien?

Dos hombres, habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos le preguntó al otro:
- ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?
- No, gracias a Dios, yo lo olvidé todo - contestó - ¿Y tú?
- Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas - respondió.
Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:
- Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

Al atardecer, un pastor se disponía a conducir el rebaño al establo. Entonces contó sus ovejas y, muy alarmado, se dio cuenta de que faltaba una de ellas. Angustiado, comenzó a buscarla durante horas, hasta que se hizo muy avanzada la noche. No podía hallarla y empezó a llorar desesperado. Entonces, un hombre que salía de la taberna y que pasó junto a él, le miró y le dijo:
- Oye, ¿por qué llevas una oveja sobre los hombros?

- Naturalmente que eres limitado. Pero, ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace unos años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?
El discípulo respondió:
- Han cambiado mis talentos.
- No - contesto el Maestro - has cambiado tú.
- ¿Y no es lo mismo?
- No, tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú.

Basándose en los informes que le habían dado, el Califa nombró a Nasrudin Consejero Mayor de la Corte y puesto que su autoridad no le provenía de su propia competencia sino del patronazgo del Califa, Nasrudin se convirtió en un peligro para todos cuantos acudían a consultarle, como se evidenció en le siguiente caso:
- Nasrudin tú que eres un hombre de experiencia - le dijo un cortesano - ¿conoces algún remedio para el dolor de ojos? te lo pregunto porque a mi me duelen tremendamente.
- Permíteme que comparta contigo mi experiencia - le dijo Nasrudin - En cierta ocasión tuve un dolor de muelas, y no encontré alivio hasta que me las hice sacar.

El emperador del Japón visitaba sus provincias. Cuando llegó a una ciudad, vio una diana con una flecha clavada exactamente en el medio de la diana.
Un poco más lejos, durante su visita, vio otra diana con otra flecha. Esta segunda flecha también estaba clavada en el centro de la diana.
Así varias veces. A la cuarta diana con un tiro perfecto, el emperador quiso conocer a tan extraordinario tirador.
- ¡Oh no! - le dijo un dignatario de la ciudad - no vale la pena, es un idiota.
- ¿Un idiota? pero ¿cómo puede ser que un idiota quien tire con esa divina puntería?
- Muy sencillo. Primero tira la flecha y después dibuja la diana a su alrededor.

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Nuestra mascota: Apisita
Especial Psiquiátrico

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